23/11/2022

¿Qué significa ser de izquierda?

La derecha quiere mantener la estructura de clases como están y lograr que los que más tienen tengan más.

-Juan Carlos Monedero

 

El origen del término izquierda y, por ende, el de derecha, fueron acuñados en L'Assemblée Nationale de la Revolución Francesa en que los états généraux a través de sus diputados el 28 de agosto de 1789, se replegaron en una facción que pretendía conservar el poder autoritario del monarca y se situaron a la derecha del presidente de la asamblea (girondins). A la izquierda, se situaron los que estaban en contra (jacobins), ellos proponían que el rey solo tuviera derecho a un veto suspensivo para hacer valer la soberanía del pueblo por encima de la autoridad real. Originalmente, los de derecha fueron mayoría, y los de izquierda minoría. Más de 200 años ha tenido el concepto de la izquierda que macerarse en lo que ahora es una realidad tanto en Occidente como en Oriente con esa “dictadura del pueblo” que ha posicionado a China como el país líder dirigido por una izquierda progresiva y absoluta un tanto distante de su propio romanticismo ideológico pero socialmente efectiva.

Al inicio de la gran revolución de las conciencias del 2018, Andrés Manuel López Obrador dijo en una de sus mañaneras que ser de izquierda era ser una persona de buen corazón. Hasta ese momento, jamás había pensado que la reducción conceptual de la izquierda en México llegara a un silogismo tan sintético, benévolo y detonante. Al principio me pareció tautológico, evidente, sin mayor complejidad, pero ¿quién en este mundo es de buen corazón? Detrás de esta definición del presidente hay un ejercicio humanista profundo. No nos remitiremos a las definiciones de izquierda según los partidos o los teóricos, sino simplemente a una toma de postura donde la autocrítica se ejerce y la crítica se dirige al sistema que ostenta el poder cuando esté no se pone a disposición del pueblo. En este sentido, la auténtica izquierda es crítica consigo misma aun siendo gobierno. La autocrítica es la esencia de la izquierda.

Contrario a lo que muchos políticos pragmáticos piensan que “es mejor estar siempre con el vencedor y nunca con el vencido” según su genética oportunista y sus hábitos a lo Fouché cuando se ponen un chaleco y una gorra con un color y un logotipo, erróneamente creen que esto les hace portadores de una ideología cercana al bloque de los oprimidos, o sea, al pueblo.

La izquierda es un ejercicio ideológico constante con más de dos siglos y medio de firme base teórica y práctica. La insinuación de Mario Delgado de suprimir la palabra “izquierda” en los estatutos de MORENA, significó un atentado contra la médula del movimiento y un encendido de focos rojos para los militantes, pues de lograrlo, se derrumbaría estrepitosamente nuestro fundamento ideológico y la historia de nuestra lucha social por hacer realidad el cambio verdadero. Una vez que los primeros morenistas se asentaron en la administración pública, empezó a resquebrajarse la estructura ideológica de izquierda por la manutención y las innúmeras peleas intestinas por los escaños públicos y el ejercicio del poder. Es decir, una vez logrados los objetivos personales, se olvida fácil el objetivo social que se ondeaba de viva voz en las marchas y los mítines. MORENA, al tomar el poder, se volvió una irresistible miel para arribistas, neoliberales, oportunistas y simuladores, quedando su fundamento ideológico de izquierda seriamente vulnerado y casi nulificado por quienes se han beneficiado del partido.

Esta descomposición de la base es natural y terriblemente humana. Muchos protagonistas del cambio verdadero han sido seducidos por los tentáculos del poder, y casi la mayoría que alcanza algún cargo público, se olvida de sus fundamentos ideológicos al ver resueltas sus necesidades inmediatas y sus objetivos más mezquinos y egoístas. Es decir, de la izquierda cómodamente empiezan a ser parte de un sistema sustentado por la derecha. El asunto es que la derecha no requiere fundamento ideológico porque su fundamento es la codicia, la necropolítica y la protección de los privilegios por encima de las necesidades de la mayoría. En cuanto a la izquierda, se requiere un ejercicio constante de sus fundamentos ideológicos y de su autocrítica. Por eso es indispensable rememorar a personajes de la izquierda en Hidalgo, como José Hernández Delgadillo, genio muralista quien fuera precandidato a la presidencia de la república por el Partido Mexicano Socialista (PMS) en las elecciones de 1987.

Hace tiempo, el poeta Benito Balam, amigo de Hernández Delgadillo, ambos miembros del Grupo Cultural Maíz Rebelde junto con José de Molina, Roberto López Moreno, Carmen de la Fuente, Leopoldo Ayala, Yamilé Paz Paredez, Pedro Damían y Cristina Gómez, me obsequió unas plaquettes de poesía con firma original y en colaboración con el maestro. Fue por José Hernández Delgadillo, por mi conciencia social, por mi posicionamiento ideológico y mi militancia como obradorista, que me animé a participar como candidato a fiscal anticorrupción en 2017 y en los comicios municipales del 2020 como candidato a presidente (supl.) en el municipio de Zempoala (dentro del Distrito VII, con cabecera en Tepeapulco, tierra natal del maestro Delgadillo). A pesar de que un poeta sabe que la política es sucia, traicionera y voluble, y una enorme letrina donde pocos se mantienen a flote con una canoa de remos hechos de honestidad y dignidad, mi decisión de participar fue una postura ética e ideológica.

La autocrítica y la conciencia histórica de los que nos preceden en la lucha y en la izquierda, sirve para frenar las simulaciones de los gobiernos que nos fustigaron. Es válido recordar a quienes elevaron a héroes nacionales a verdaderos perfiles revolucionarios como Felipe Ángeles, a presidentes populistas queriendo ejercer nuestra soberanía y rescatar el petróleo para los mexicanos, a muralistas de izquierda que se opusieron a la codicia de los poderosos durante décadas. Basta de que se les haya honrado hipócritamente para escupirlos en los oscurito por neoliberales de derecha, vetándolos, ninguneándolos, como el caso de Hernandez Delgadillo, atentando contra la vida de ese artista de talla mundial con una ráfaga de balas entre sus pies mientras pintaba un mural. El maestro, incólume, sereno, firmen con el ideal y el corazón del lado de la verdad siguió pintando sin hacer caso a la muerte. Sus murales en la ciudad de Pachuca se despedazan y son vandalizados por una sociedad cada vez más decadente. Es momento de rescatarlos, de restaurar el legado de los más dignos, de los más valerosos y significativos de nuestra historia.

Luchar en la izquierda es luchar del lado de los oprimidos, de los honestos, de los olvidados, los discriminados, de los pobres y los ninguneados. No porque MORENA ahora encabece el poder en el Estado de Hidalgo debemos dormirnos en el engañoso laurel del sistema, que está más cerca de los privilegios de la derecha que del pueblo. No permitamos que sufra un atentado ideológico el Movimiento de Regeneración Nacional, y sobre todo, no olvidemos la lucha legítima de los desposeídos contra los que quieren poseerlo todo. Este es el fundamento de la lucha de la izquierda. Siempre, y sobre todo, ha sido la política una detestable lucha de clases desde que la sociedad es sociedad.  

Que no se nos olvide que MORENA es de izquierda. Que muchos que militamos en el movimiento fuimos seducidos por el cambio verdadero y la transformación impulsadas por López Obrador y varias generaciones de lucha social. No necesitamos en estos tiempos, del apoyo de una rasoir national, de una guillotina que cercene todo corazón batido en lo corrupto y que solo disimula ser de izquierda para trepar en su vil oportunismo por sobre otros legítimos compañeros de izquierda. No se requiere la decapitación, pues no estamos preparados como China, Corea del Norte, Iraq, Irán, Indonesia, Tailandia, Laos, Vietnam, Myanmar y Marruecos donde la pena de muerte está vigente para delitos asociados con la corrupción, como el soborno, el nepotismo, el peculado, el prevaricato o el abuso de autoridad. No estamos preparados para hacer correr sangre corrupta en nombre de la justicia por los pasillos del Congreso Nacional y los palacios municipales de toda la nación donde se ejerza el poder en nombre de MORENA y le hayan robado al pueblo, le hayan mentido o lo hayan traicionado.

¿Qué significa ser de izquierda? Significa ser congruente con la ideología que se profesa, ya sea ejerciendo el poder o siendo crítico contra el poder.

Texto: Hans Giébe

 

 

 

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