30/11/2021

Tierra de gigantes: una reseña

“La historia es nuestra
Y la hacen los pueblos”
-Salvador Allende
 

¿Quién ha contado la historia siempre? Podemos empezar por plantearnos esta pregunta porque a partir de la respuesta que le demos es como vamos configurando la nuestra. Nos han dicho que hay dos versiones en cada relato: la de los vencedores y las de los vencidos; pero la voz de los vencidos, incluso, no alcanza por hablar de los protagonistas olvidados y entonces no hay que hablar por ellos sino hablar de ellos.

Un ejercicio lindo es el que lleva a cabo Lucero Ambrocio Cruz en el libro “Tierra de gigantes”, digo lindo porque es rebelde y la rebeldía es linda, no en el sentido estético burgués de la palabra sino en el sentido estrictamente revolucionario, es decir, en el sentido dialectico y transformador; la linda rebeldía como unidad indivisible entre la acción y la creación.

Hablar desde el terruño es complejo, sobre todo porque las subjetividades pueden hacernos perder detalles que resultan necesarios a la hora de la valoración de un hecho, un momento o toda una vida de resistencia como la que ha vivido el valle del mezquital, y para no caer en ello, la autora ha dispuesto otras voces, que hablen ellas por ella y sea ella quien las ponga en manos de otros/otras (dialéctica pues), son las voces protagónicas las que narran momentos específicos de una misma historia que tiene un común denominador: resistencia. De ahí que podamos leer (o escuchar, porque cuando se sabe que hay personas detrás de las palabras uno alcanza a escuchar como esas palabras le hablan en su mismo tono) las historias desde sus protagonistas, no son los otros quienes cuentan su historia, son aquellos/aquellas que estuvieron ahí, en el momento justo en que se escribía en la memoria colectiva la historia, que como sostiene la autora casi al final del libro, es la misma que han venido escribiendo quienes han habitado esta parte del estado hidalguense.

Entonces habla don Acacio, don Florencio, doña Antonia, Armando, Mariana, Agustín, Lucy y la misma Lucero, hablan su historia para otros/otras y más allá de eso, la hablan para sí mismos/mismas, para su propio pueblo que encuentra en su voz su grandeza. Este libro recoge el orgullo de su gente y su tradición de lucha y resistencia, los anhelados aires de libertad que se mezclan con el clima descrito en el que les tocó vivir. Esta voz colectiva es una promesa permanente, un recordatorio de valentía y orgullo. Una voz ancestral que se niega al silencio.

Para este que escribe, que viene de otras tierras, encontrarse con este libro tan sincero y con esas voces cotidianas que hacen la historia, es un aliciente para continuar soñando con otro mundo donde quepan muchos mundos como dicen los zapatistas, porque vale la pena soñar y soñar mientras se avanza como lo ha hecho el pueblo que describe Lucero Ambrocio Cruz.

Leer “Tierra de gigantes” es sentir la efervescencia del movimiento popular y saber que (volviendo a los zapatistas), falta lo que falta.


Texto: Erik Sandoval  

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